La fuerza de las plumas

Actualizado: 26 abr


Desde su inicio Occidente interpuso una distancia entre el humano y el resto de la diversidad de la vida, como una forma de arrogancia biológica con el poder que concede ser dueño sin haber comprado para transformar e imponer. Al mismo tiempo, al otro lado del Océano otros no pensaban igual, por el contrario, no entendían distancia entre humanos y el resto de la diversidad de seres, porque para ellos todos somos una sola comunidad viviente que nos une el sol con muchas formas de vivir el mundo. La alteración del confort climático, la extinción de las especies y la pandemia, son tragedias producidas por la acumulación de errores de una forma de pensar dominante del Homo sapiens, debido quizá a que no le dio suficiente importancia al mantenimiento del intelecto natural que el pasado antiguo construyó en condiciones planetarias prístinas y que traspasó principalmente en la oralidad, conceptos formados por respuestas esenciales vividas por los primeros nativos en un mundo en equilibrio. Ahora en medio de la presión sanitaria, climática, económica, política y nuevamente la guerra, es la ciencia que en remplazo del conocimiento antiguo, intenta construir la conciencia en medio de un modo de vida especulativo, banal, consumista temperamental y lo peor de todo violento - avaro, que se niega aceptar que al principio y al final somos el animal humano.

En el 2013 conocí en Rioancho - La Guajira - Colombia a la joven Tiphaine Nicoleau, mujer francesa que traía consigo plumas de aves tropicales luego de su muda y entregadas a ella por algunos zoológicos de Francia para ponerlas en la mano del máma kággaba o kogi indicado. En ese entonces me parecía curioso y muy novedoso. Ella inicia este interés por las plumas al momento de escuchar en directo la solicitud de un kággaba de visita en Francia, entiende la importancia de estos tocados de plumas especiales que acompañan el baile y canto en su relación con las fuerzas originarias de la vida.


Por 30 años un hombre francés Eric Julien (a la izquierda en la foto con micrófono) rescatado enfermo de las alturas de la sierra y luego curado por los nativos. En gratitud, busca dinero para comprar tierras a los colonos de la Sierra y devolverla a los originarios, ya suman dos mil hectáreas recuperadas. Por esto cada año viajan kággaba o kogis al país Galo y es así que esta cultura autóctona de Colombia tienen una conexión muy activa con Francia y Suiza principalmente en uno de estos viajes, en alguna charla de los kogi fue que el tema de la necesidad de plumas se hizo saber, siendo a groso modo el contexto de inicio de esta linda historia de las plumas en el viejo Continente.


De regreso a Rioancho La Guajira, en el primer viaje de la mujer francesa con las plumas a la Sierra Nevada de Santa Marta, solamente pude recibirla y mandar el mensaje al máma Jose miguel Nuevita quien ha sido nuestro amigo y colega en la fundación Nativa, para que tomaran las plumas. Al encuentro tres mámas de Tungueka recibieron de Tiphaine las coloridas plumas y ya, un muchas gracias de cada uno y moviendo la cabeza en si, si, si, de todos los tres mámas kággaba o kogi como son más conocidos, siempre diciendo que las plumas son muy importantes, ellos retoman el camino a su pueblo, Tiphaine regresa a Francia y la vida sigue.



Cinco años mas tarde en el año 2018 Thiphaine regresa a la Sierra nuevamente cargada de plumas desde Francia, en esta ocasión la pude recibir en Palomino. Este encuentro me sorprende por la persistencia y lo que produce en ella ser la que pudo reaccionar efectivamente ante una necesidad tan particular de esta cultura original, se le puede sentir el enorme placer de lograr que las plumas lleguen a las manos de los intelectuales espirituales del macizo más alto y antiguo de Colombia. La comunicación con el máma Josémiguel Nuevita era mejor y por tanto más fácil preguntar en relación a las plumas para los kággaba, él me dice por ejemplo: si voy por la calle y un hombre vestido de verde, con sombrero verde me hace una señal que me detenga, yo entiendo que es un policía, por su aspecto reconozco una autoridad y yo me detengo, de la misma manera las plumas utilizadas en el baile también tienen esta función de darle identidad al baile para atraer la mirada del poder invisible pero que ve. Por medio de un amigo mototaxista de Rio Ancho conocido como Chili, Tiphaine viaja desde Palomino hasta la población kággaba de nombre Tungueka al encuentro nuevamente con el máma Josemiguel Nuevita que vive al lado de este pueblo, para entregar por segunda vez las plumas. Ella va sola a esta cita y regresa conmovida de la alegría que produce ser ella responsable del bienestar particularmente extraordinario.


Pero nada más, solo entiende que las reciben y luego son llevadas a la parte alta de la Sierra kággaba donde las esperan mámas superiores, ella regresa a Francia con la promesa de seguir con esta misión elegida por ella misma. Los planes de hacer un tercer viaje a la Sierra con un nuevo cargamento de plumas se aplazan por el efecto de la Pandemia. Semanas antes ella había entregado plumas directamente a unos mámas de visita a Francia y le quedaba otra cantidad para entregar ella nuevamente a la Sierra pero no pudo, siendo necesario el apoyo de una colombiana que justo regresaba a Medellín y que hizo el favor de traerlas a Colombia. Por el lado de los kággaba de la cuenca del Rio Ancho en la Sierra, también pensaban en plumas con mucha necesidad, me hacía entender que la llegada de mas plumas en estos momentos de crisis, para los kággaba de cierta manera ayudaría a reaccionar a esta tragedia.


El efecto de la colonización sumado a todos los intentos de evangelización y unido a la dinámica de la sociedad han producido una resistencia aún exitosa que hacen entender que todos los kággaba conocen la utilidad de las plumas, pero no todos están listos a utilizarlas adecuadamente, es decir que las plumas entregadas aún no han llegado a las manos mas indicadas que son las que habitan las Ezuamas, que mantienen la tradición del lenguaje sagrado del baile, canto, máscara y plumas, solamente queda faltando el oro que fue robado, pero aún sin él la actividad espiritual nunca se detiene para esta cultura. Bien, ahora Nativa tenia que ir a Medellín a recoger las plumas y seguido entregarlas al máma Josemiguel Nuevita en su casa en Tungueka, Sierra Nevada de Santa Marta - La Guajira.


Todo configura una oración sagrada: máscara de madera o de oro, corona de plumas largas de guacamaya sujetas en circulo a una estructura vegetal y ornamentos dorados, uno en forma de diadema bien ancha que envuelve la parte occipital de la cabeza de oreja a oreja que ayudan a ensamblar todo por medio de la cuerda de la máscara que abraza la cabeza. Cuelgan collares con pectorales y otras pequeñas piezas del metal amarillo y el resto del cuerpo una falda de hojas de palma amarga amarilla que cubre casi hasta los tobillos. En la cintura una faja de tela blanca, el torso lo envuelve un tejido de material vegetal de donde cuelgas conchas de mar y ornamentos de piedra. El pelo largo es recogido por la mitad y al final todo el pelo es amarrado con una especie de ancla de piedra que no deja que el pelo se desordene. Solamente se ve la piel de los hombros. En ambos bíceps lo mismo que en ambos tobillos, lleva amarrados sonajeros vegetales y en cada mano un ramo de plumas cortas y de colores tierra amarradas como con un rosario vegetal sonoro. Todos estos eventos sagrados se hacen en pequeñas aldeas dedicadas a la conexión del material con el espiritual llamadas Ezuamas, extendidas a lo largo de las cuencas del territorio kággaba.

Ezuama Sezhua

Ezuama kalabangaka

Ezuama Mungueja


Estos lugares fueron establecidos desde el inicio, donde se encuentra el conocimiento de la cultura que orienta el gobierno propio del territorio, junto con el cotidiano de la comunidad. Son espacios políticos con un orden jurisdiccional y mandatos en coherencia con sus principios, las Ezuamas son lugares sagrados que también representan linajes que sostienen a estos lugares y que conforman una estructura adecuada a una sociedad cerrada, es decir que las parejas en su mayoría son entre los kággaba mismos, lo cual exige una formación de familias cuidadosa para esquivar la endogamia, esto lo entienden bien ellos y por tanto saben como hacer. Entonces fueron estos los mismos lugares saqueados en la conquista y colonia que aún no termina, el archivo material sagrado de oro principalmente heredado, única forma de poseerlo, fue tomado con violencia en principio y luego con engaños, sin la posibilidad de hacer nuevos.


Esta pérdida unida a la pérdida de la selva primaria, hace que progresivamente sea más difícil renovar los tocados de plumas utilizados en los momentos sagrados del baile y el canto, eje de los eventos de conexión con lo inmaterial, propio de la cultura animista. El constante uso produce un deterioro de las plumas y esto igualmente deteriora la estética de toda la intención, repercutiendo en la trascendencia de la conexión. Durante mucho tiempo a su manera han intentado renovar las plumas y solamente hasta ahora lo están logrando con la efectiva ayuda de Tiphaine Nicoleau, provocando la particular alegría que las plumas producen al ser lucidas en toda la expresión sagrada del baile. Con esto, como para la misma ave, las plumas son portadoras de la majestuosidad del color y lo que irradia. Esta característica conocida pero para nosotros occidentales nunca llevada al plano sagrado o divino, es un aspecto relevante de las plumas para esta forma del pensamiento no occidental.


Entonces estamos frente a una de las culturas mas autóctonas que aún mantienen viva la conexión con lo invisible, pero no pueden tener nuevas plumas para este fin, porque la población de guacamayas está en números críticos en la Sierra lo mismo que de ibis rosado, debido a la transformación del paisaje por el hombre de pensamiento occidental. Es solamente la diligencia de esta mujer francesa Tiphaine Nicoleau que superando los problemas de transporte, distancia y pensamiento hace que una fuerza nueva llegue a la actividad de las Ezuamas para el sostenimiento del entusiasmo que producen las plumas en el baile sagrado.


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