Kanzhí

Metteniusa edulis, Karst 1860. Este árbol endémico, exclusivo de la Sierra Nevada de Santa Marta es más importante de lo que parece. Su protagonismo ecológico y etnológico es sobresaliente tanto como desconocido. Gracias al miembro de la Fundación Nativa el máma José Miguel Nuevita, que nos ha podido enseñar sobre este extraordinario árbol y a partir de estas informaciones y la comprobación en el terreno podemos asegurar que este árbol con sus nueces ha sido y sigue siendo la base alimenticia de esta sociedad originaria de la parte media alta del macizo, la demostración de la preponderancia recolectora de Los kággaba o kogi. En las rocas en forma de montaña se anclan estas selvas de niebla de kanzhí, que de lejos se puede ver como una piel que las cubre, solamente ausente en las paredes.

 

Su distribución está de los 2200 hasta los 2800 msnm aproximadamente. Aunque la frontera de las selvas de kanzhí han sufrido la presión humana, se preservan. Son árboles grandes que al estar juntos producen un nicho muy estable, una selva de niebla autónoma, al punto de encontrar sapitos Atelopus sp. en el sotobosque, anfibios muy exigentes de la pureza y estabilidad del ecosistema. Se destaca la presencia bulliciosa de bandadas de cotorritas de la Sierra Nevada Pyrrhura viridicata, endémica muy asociadas a las selvas de kanzhí  en fruto, que junto con Aratinga wawlery lo consumen. 

Estos territorios no han sido colonizados por occidente, son lugares donde la coherencia original vive, un entendimiento protegido con el cotidiano perfeccionado al punto de ser una comunidad sin enigmas, conocen el sentido de las cosas diferenciando claramente lo esencial del resto. Son lugares donde las comunidades desde su origen hasta el presente no han roto el hilo de su Historia y eso los hace excepcionales, donde en frente esta el pasado y el presente y el futuro detrás. Es acá donde esta nuez reina, donde los humanos la veneran por todo lo que significa, la cosecha coincide con el fin de año, el solsticio de verano, la fiesta del sol, pero antes de tomar este fruto divino, agradecen pagando en pensamiento y bailando los mámas vestidos de luz con faldas de palma amarga y máscaras durante cuatro noches.

Aunque se desconoce la composición nutricional de la nuez, no es difícil concluir que por su uso es nutritiva. Hace parte de la selecta comida que permite alimentar sufucientemente a los estudiantes a mámas que no comen sal ni comida con sangre. En los sitios de formación de mámas de nombre Izuama, esta nuez se prepara en una olla de barro especial para cocinar sin sal llamada Mogzú. Para el resto de la comunidad luego de cosechada es puesta en recipientes con agua y sal al fuego, seguido se consume, fácilmente se rompe su cubierta para desnudar una esfera de biomasa toda comestible con una consistencia como la de un garbanzo, arenoso y agradable al gusto, solamente que al final de comerlo deja un sabor amargo que se tolera sin dificultad.   

Mogzú

Kanzhí en caldero para tostar.

Las nueces son la mejor carga para llevar, unas son consumidas hasta la saciedad y otras se guardan en el zarzo que cada casa tiene sobre el fogón. El humo las preserva por varios meses, con el tiempo se ponen dulces, es un alimento predilecto para los viajes por su calidad, pero también al llegar a una casa es un muy buen presente que es recompensado con comida. 

Las selvas de kanzhí seguirán existiendo debido a la presencia kággaba, y con ellas toda la biodiversidad que depende, siendo estas selvas de niebla en estas montañas de roca, las responsables de sostener los arroyos de sus cuencas como el Kavikonwe que nutre el río principal de Ríoancho. Todo lo que vive en esta cuenca tiene una base propia y aislada, un paraje prístino que reivindica al humano en el equilibrio, una esencia que configura una idea pragmática propia del Universo.

En 1860 el botánico alemán Gustav Karl Wilhelm Hermann Karsten publica el libro Flora Colombiana en dos tomos, luego de haber pasado una temporada de 12 años en Colombia y paises vecinos estudiando las plantas, estimulado en Berlín por todas las historias que Humboldt contó a su regreso de América.  H. Karsten al parecer entra por la cuenca de Rioancho hasta llegar a la población de San Miguel, en su reporte anota 2000 metros de altitud sobre el nivel del mar como la localidad de la colecta de las muestras vegetales para la determinación de la especie Metteniusa edulis Krst, el nombre de la especie es dedicado por el autor a su profesor de Botánica Dr. G. Mettenios. En la descripción resalta la importancia de este árbol y sus nueces para los habitantes " arguacos " como eran llamados a todos los nativos y también escribe Canchí como el nombre local del árbol. El dibujo es hecho por el autor mismo de la descripción que cumple 160 años de haber sido publicada.  

Este video muestra por vez primera al árbol, el paisaje y la gente donde reina el kanzhí.