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  • franz k. florez

Los kogi al frente por los animales


La historia del cemento y las dantas continua. Terminado el arreglo del camino por gestión del “proyecto danta”, la comunidad de Santa Rosa de la cuenca del río Ancho motivada por los hechos que lidera el máma José Miguel Nuevita, inicia una reflexión general con la comunidad de Tugueka junto con los mámas y la dirigencia, para definir el destino de la selva de la cuenca del río Naranjal de propiedad de la comunidad de Santa Rosa, pero de mucha influencia de la comunidad de Tugueka.

Luego de largas discusiones adentro de las dos comunidades, se privilegió la necesidad de montaña o selva para los animales nativos, a pesar de la presión por tierras con fines agrícolas para subsistencia de Los kogi, en este sentido se construirá nuevamente la aldea tradicional (no más de cinco residencias kogi) con casa ceremonial para restablecer la presencia permanente kogi en esta selva, con fines de actividades tradicionales de los mámas evitando en adelante la tala, el aumento de las actividades agrícolas y ganaderas, siendo solamente sitio regular de pagamento kogi "para el dueño de los animales".

Ante este compromiso, entre los días 22 al 25 de febrero del 2017, cincuenta hombres kogi y cinco mujeres con algunos niños se trasladaron desde Santa Rosa hasta la el río Naranjal, un trayecto de nueve horas a pie, ayudados por sus bueyes, mulas, burros que cargan con lo necesario para una jornada de una semana en la construcción de una Izuama compuesta por dos casas ceremoniales, la del hombre y la de la mujer.

Hace mas o menos 15 años que fue quemada esta aldea en los tiempos de la guerra, ahora llegan los tiempos del retorno kogi para defender las últimas selvas con presencia de la danta o tapir de la Sierra Nevada de Santa Marta, el vertebrado terrestre nativo más grande que se resiste a desaparecer y el indicador de la condición de la biodiversidad.

Luego del desayuno hago unas compras en Palomino para dos noches y tres días, es el cálculo que tengo para esta salida. El mototaxi me lleva por 30 minutos hasta el punto la Guadua o final de la carretera veredal del río San Salvador, el mismo lugar donde vive la Suiza Marcela con su pequeña hija. Ya son las 9 de la mañana, llego y veo que esperan José y otro kogi que no conozco, con el burro y la mula haciendo honor al cumplimiento de lo acordado tres días atrás.

Ellos se encargan de cargar la mula con la comida, el equipo de campaña y sin más inicio el camino, esperan cuatro horas para la primera etapa del almuerzo en la casa de José al lado del río San Salvador luego de atravesarlo nueve veces. Un poco antes de la llegada me encuentro con el máma José Miguel quien me saluda y me cuenta que Los kogi de Santa Rosa ya están en el Naranjal iniciando la construcción de lo acordado, una Nuhué y un houí (casas ceremoniales). Descanso un poco para comer el almuerzo y tomar un baño en el río, al rato el máma me dice que vamos para el Naranjal.

Hace dos años que no camino este trayecto que me recuerda las capturas de las dantas, la selva a pesar de todo sigue dominando esta parte de la Sierra, al poco tiempo podemos ver una huella de danta, estamos en su territorio. Media hora antes se iniciaron a ver indígenas y cuando llegué el grupo grande está junto a las dos nuevas construcciones en proceso. No ha terminado el primer día y ya las estructuras están casi listas.

Las dos construcciones redondas, de madera de arbustos de diferentes grosores, los postas mas grandes, los que sostienen mayor peso, están sobre piedras planas localizados en los cuatro puntos cardinales y el resto de postas si van enterrados. Bejucos resistentes de diferentes calibres amarran la estructura, son maleables recién cortados y a medida que pasan las horas se secan dando mayor amarre. Como a las 4:30 pm cesan labores e inician en pequeños grupos el camino hacia el río para tomar un baño antes de comer y dormir.

Llegada la noche, armo la carpa adentro de la estructura grande y el máma José Miguel hace el fogón, lo prende e inicio a preparar un arroz y sándwich de queso con tomate, cebolla blanca, lechuga y mantequilla, nos quedamos un rato hablando luego de comer y cada uno se va a dormir.

Antes del amanecer se escucha el aburrio o pava negra (Aburria aburri) y con la llegada del día muchos cantos diferentes se sienten destacándose el de la pava congona (Penelope purpurascens) y las guacamayas verdes (Ara militaris). Ya el grupo kogi se prepara para ir a tres horas de camino donde está la caña boba para cortarla, pelarla, aplastarla y con esta esterilla se tejen las paredes de las dos casas ceremoniales. Sobre la una de la tarde inician a llegar con las cañas y poco a poco en grupos de tres kogi especialistas en este tejido comienzan para terminar con las dos casas como a las 8 de la noche.

Un poco mas arriba del lugar de construcción aún queda un techo de zinc medio caído, recuerdo del último campesino que habitó esta tierra. Adentro de esta ruina, Los kogi hacen cuatro fogones de leña y todos se ubican alrededor para luego de un rato dormir arropados por el calor que produce el fuego, pero antes dejan planificado el trabajo del día siguiente, cortar la palma que formará el techo de las dos construcciones.

Amanece nuevamente y salen todos muy temprano con el ánimo de terminar el día con por lo menos la Nuhué completamente construida. Son las 11 de la mañana y grupos llegan con las primeras palmas, mientras otros están listos para iniciar a tejerlas en la estructura de la cubierta.

Poco a poco se consolida la instalación de las hojas de palma cortadas en pedazos iguales, para luego ser tejidos delicadamente uno adelante del otro de tal manera que no permitirá la entrada de agua. Es una labor lenta pero como son varios los grupos para las distintas tareas, el resultado toma forma de manera rápida. Es muy curioso ver como 50 hombres kogi trabajando al tiempo y no se siente ningún momento tenso o de la más mínima discusión, es como si para todos es suficiente recompensa ir viendo el resultado y la calidad de la obra colectiva que no da tiempo sino para vivirlo, siempre con su pasado en el presente.

Con la cubierta casi terminada, los cargadores de las hojas de palma ya pueden descansar adentro, fue necesario caminar hasta un total de cuatro horas para encontrar la cantidad de hojas suficientes para las dos casas.

Es sorprendente ver que se conserva la tradición intacta para las construcciones tradicionales; cómo pueden encontrar en la selva el material ideal para cada uno de los componentes de una vivienda, los diferentes troncos en grosor, longitud y calidad sin ser necesario el cortar grandes árboles, encontrar diferentes lianas para los amarres y todo sin utilizar clavos, ni alambre, ni plomada, ni cinta métrica, ni nivel, para terminar en una construcción circular geométricamente alineada, sólida y funcional con los detalles de orientación solar de sus puertas, las ventajas térmicas de los materiales y el diseño con la mas fina estética para un entorno natural prístino.

En la tarde del tercer día está lista la construcción mas grande y ya tengo que regresar. La misión kogi se cumplió y a partir de hoy las dantas de la Sierra Nevada tienen unos protectores reales que tomaron la decisión desde la autoridad kogi para cuidar los animales de las nuevas amenazas que se inician a sentir, la destrucción de la selva que la modernidad exige en los terrenos que la guerra ocupó en el pasado.


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