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  • franz k. florez

Captura de la danta N°2.


Este es un relato del 2012 sobre la segunda captura de una danta en la Sierra Nevada de Santa Marta.

Solo en el camino que invita a ir al río Naranjal. Han pasado 5 horas siguiendo el especial ladrido de los perros de don Pedro Ducath “el cazador”, los demás han decidido ir a la estación, - esta bien por este día han dicho - hemos bajado

mucho en la montaña y pensar en volver a subir para poder comer algo y descansar, nos hace regresar utilizando nuestras ultimas fuerzas. ​Eran Félix el arhuaco, Tania, Juan el kogi, Cesar, Nerys y Diego que toman el camino de retorno a Wimangaga la estación biológica, Félix los acompaña un trayecto y luego regresa. Don Pedro intuitivamente busca sus perros entre la selva, las quebradas, los caminos y de ves en cuando le alerta el ladrido a la distancia de uno de ellos que dan señal que siguen haciendo su trabajo, buscar a la danta.

Lejos pero en el mismo lugar, por otro lado, Wilson se mueve casi tan rápido como los mismos perros, en silencio y con la coherencia de la Sierra, ha nacido y vivido todo el tiempo entre sus marañas, garrapatas y los rastros de los animales. El lleva es su mochila los dardos con el anestésico y la pistola de aire, es el experto en disparar, lleva esto para estar seguros de aprovechar la oportunidad que pueda dar la danta y poderla dormir, pero en este momento no esta.

Igualmente cansado en medio de la situación, solo, me permito simplemente esperar. Me digo, bien, es otro intento más, esto es así. Ya han pasado doce años desde el momento de mi primer encuentro con una danta, no me di cuenta pero esta espera se volvió costumbre y el tiempo pasó.

Por un momento siento ruidos extraños, no se que es…, se oye un ...pfff pfff pffff cada vez más fuerte, me asusto, este sonido es nuevo para mi, será la danta ? llega el miedo natural entonces me subo a una pequeña montaña pero sin perder de vista el lugar de donde el sonido sale. Esto viene de la pequeña quebrada, espero con impaciencia para descubrir que es. La danta de la Sierra se deja ver por primera vez para mi, es ella, no lo puedo creer, viene en un trote que muestra el cansancio y pasa por el frente mío ! que gran emoción ¡ ella muy pero muy grande mira hacia adelante, pienso que no me ha visto…

Ignorando mi presencia decide descansar al lado de la quebrada en frente mío ! la veo agitada, momento después llaga la perra “chapola” más cansada que la propia danta, ni siquiera ladra, toda mojada. Si, es esto, han estado corriendo la danta adelante y “chapola” atrás quien sabe por cuanto tiempo. Mucha emoción llega, decido ir en busca de alguien, pero de quien ? no se por donde ir… Al momento Wilson llega en total silencio. Inmediatamente me entrega la mochila con el equipo de restricción química, armo el dardo mas grande 10 ml de medicamento, preparo la pistola y la paso a Wilson, con mucha frialdad se acerca y dispara perfectamente en su gluteo, es el momento en que llega Don Pedro con los otros tres perros. La excitación total invade la escena, todos los perros ladran desenfrenadamente acompañado por los gritos de Don Pedro, afortunadamente el dardo ha descargado el pre-anestésico pero los perros la hacen parar, ella no tiene energía para salir corriendo nuevamente.

Con mucha fuerza en mi voz propongo a don Pedro alejar a los perros, el intenta llamarlos pero el desenfreno es total, es un caos, Don Pedro actúa con decisión y logra amarrar a todos pero no paran de ladrar y ladrar.

Insisto en que tiene que sacarlos del lugar, para la danta oír a los perros es lo peor y hace que el sedante no actúe. Decido armar un segundo dardo, este ahora de 7 ml, preparo el arma y de nuevo Wilson acierta como es su costumbre.

Ya con mas control de la situación, llega Félix el Arhuaco al lugar y por fortuna con la cámara fotográfica de Cesar el francés que acertadamente y como presagiando que algo podía pasar se la ha entregado para que a su regreso me la entregue por si algo.

Con los perros amarrados pero sin callar por un segundo se disponen a salir del lugar de la danta. Tomo el trapo y como puedo lo pongo en sus ojos, esto termina de tranquilizarla, la danta se arrodilla en señal de entrega total, hacemos las fotos de rigor y se van Wilson, Don Pedro y los cuatro perros directamente a la estación biológica Wimangaga de la reserva natural Buenavista, en la Sierra Nevada de Santa Marta, La Guajira.

Ahora somos tres, Félix, la danta y yo, podemos verla al detalle, mide desde la punta de su nariz a la punta de su cola: 2,15 m. y desde la punta de su extremidad delantera a la cruz, lugar donde se une el cuello con la espalda, 1,10 m. Es muy grande !

Hacemos lo correspondiente, le ponemos el N°2 en la oreja, tomamos muestras biológicas, le limpiamos las garrapatas de sus ojos, orejas y cara. Esperamos 3 horas más hasta que ella misma se reincorpora un poco perdida y nos da la oportunidad de fotografiarla de pie.

Llenos de esta experiencia nos disponemos a regresar. La fatiga es total, pero el pensamiento de lo vivido nos lleva flotando por encima del cansancio.


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